Las cárceles invisibles de Los Zetas



El primero de febrero pasado, José Luis Cano Lumbreras, alias El Comandante Cano, líder de la organización delictiva conocida como Zetas Vieja Escuela fue ingresado en el penal de Ciudad Victoria.
Lo habían aprehendido en un operativo efectuado en una casa de seguridad.

Tres días después de su ingreso al penal, al volver de una diligencia judicia, fue asesinado mediante asfixia por miembros de un grupo rival.

Se dice que los Zetas Vieja Escuela son una organización fundada por narcotraficantes que cumplieron sus sentencias o fueron liberados y volvieron a Tamaulipas a reconstruir al grupo que antiguamente dominó esa región.

En julio de 2013, uno de los últimos jefes Zeta, Miguel Ángel Treviño Morales fue detenido con ayuda de un “dron” en Nuevo Laredo. Año y medio después su hermano, Omar Treviño Morales, el Z-42, cayó en manos del Ejército y de policías federales en una residencia de la ciudad de Monterrey.

En los últimos años habían sido capturados o abatidos los principales líderes del cártel. Con la caída de los hermanos Treviño, Los Zetas perdieron territorios e influencias. Sus rivales del Cártel del Golfo extendieron su dominio en Tamaulipas.

Según las autoridades, las ruinas del antiguo imperio de Los Zetas quedaron en manos de un sobrino de los hermanos Treviño: José Francisco Kiko Treviño.

La designación del nuevo jefe del cártel fue rechazada por diversos cabecillas y “jefes de plaza”; sobrevino una ruptura.

Kiko Treviño se había quedado, sin embargo, con algunas de las células más numerosas de la organización. Con ese capital criminal fundó el Cártel del Noreste (CDN), cuya presencia se ha registrado en Nuevo León, Coahuila, Nayarit, Zacatecas, Veracruz y San Luis Potosí.

Quienes no aceptaron el liderazgo del sobrino de los Treviño decidieron operar por su cuenta. En lugar de una sola organización, ahora son cinco o seis las que se dedicaban al secuestro, la extorsión, el robo de vehículos, la trata de personas y el narcotráfico. Dichas escisiones se identificaron a sí mismas como Zetas, Zetas Sangre Nueva, Sangre Zeta, etcétera.

Algunas de ellas se aliaron incluso con el Cártel del Golfo (los rivales históricos desde la captura del capo Osiel Cárdenas) para combatir al Cártel del Noreste.

Narcotraficantes aprehendidos admitieron que Kiko Treviño había tenido miedo de ser traicionado o ejecutado, y que al poco tiempo de su ungimiento se refugió en Houston, Texas.

Durante casi un año dirigió al CDN desde el otro lado de la frontera. Hace seis meses, a fines de septiembre de 2016, fue aprehendido por elementos de Seguridad Nacional del país vecino. Algunos de sus subalternos no tardaron en ser barridos. Uno de ellos, detenido hace poco, dirigía la organización a través de mensajes de WhatsApp.

Otro fue conocido hace unos días mediante un video difundido en redes sociales, en el que un grupo de Zetas recluidos en el penal de Apodaca lo obliga a vestir lencería y limpiar el piso con un trapo.

La guerra entre mafias no se libra solo en las calles de Tamaulipas, sino también en lo que se supone un espacio vigilado por el Estado, las cárceles. En uno de esos espacios fue asesinado el 1º de febrero en el penal de Ciudad Victoria El Comandante Cano.



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