El clásico de Miami se juega en América Latina, no en Estados Unidos




Es fácil darse cuenta en las calles de Miami de que el Barcelona y el Madrid juegan este sábado el primer clásico de la historia en Estados Unidos. Hay gente con camisetas de los dos equipos, anuncios en la calle y autobuses turísticos con el escudo merengue y el lema “Fiesta blanca”. Pero en Miami, la capital latinoamericana de EE UU, el partido amistoso parece jugarse más en América Latina que en la primera potencia mundial. Abundan las historias de personas de origen latino que han viajado hasta Florida para ver el encuentro. Eso sí, encontrar a un estadounidense que sepa o vaya a asistir al encuentro es mucho más difícil.

“No tengo ni idea”, responde Alex, un estadounidense de 45 años que trabaja en un restaurante en el complejo de Bayfront. En un parque en esta zona portuaria de la ciudad se ha instalado una zona con actividades para los aficionados de ambos equipos. Y delante del restaurante, desfilan sin parar seguidores azulgranas y blancos.

Orlando Medina, de 36 años, ha viajado desde Colombia a Miami con sus dos sobrinos adolescentes para acudir al encuentro en el estadio Hard Rock, cuyas 65.000 entradas llevan tiempo agotadas. Él pagó 300 dólares de reventa por cada una. “Siempre he sido del Barcelona”, dice. “Ahora con mayor razón que James ya no está en el Madrid queremos derrotarlos”, agrega este hombre, que ha viajado con otros amigos madridistas desde la costa caribeña colombiana.

Odilio Álvarez, un guatemalteco de 47 años, ha venido desde Washington DC, donde trabaja en una compañía de limpieza. “Lo hice solo por el partido. Es algo histórico”, dice, ataviado con la zamarra del Barça. El viernes, presenció con su hijo el entrenamiento del Barcelona en Miami y desprende emoción cuando habla de ver a Messi en el estadio.

Más largo fue el viaje de Giovanni Soto, un estadounidense de 25 años y padre mexicano enamorado del exmadridista Hugo Sánchez. Vino desde Minnesota. Lleva la camiseta de Cristiano Ronaldo y lamenta que el portugués vaya a perderse el partido. Pagó 750 dólares por su boleto. “Ojalá gane el Madrid, es como un sueño venir aquí y ver el clásico”, dice. “No imaginé que iba a jugarse en Estados Unidos”.

Lograrlo ha sido mérito de Relevent Sports, la empresa que ha organizado el partido y que llevaba años intentando que, por segunda vez en la historia, el Barça y el Madrid jugaran un partido amistoso fuera de España. El primero fue en Venezuela en 1982. El encuentro forma parte de la International Champions Cup, un torneo de equipos europeos que ha llenado estadios en los últimos días en EE UU.

Los organizadores del partido de Miami lo ven como una prueba del ascenso del soccer, como se conoce el fútbol en este país. Algunos consideran que es el mayor evento deportivo que ha acogido la ciudad, en la que se han disputado diez Super Bowls de fútbol americano, cinco finales de la NBA de baloncesto y dos Series Mundiales de béisbol.

Las entradas de reventa del clásico ascienden hasta los 5.500 dólares por asiento. La cadena ESPN ha hecho el mayor despliegue hasta el momento en la cobertura de un partido de fútbol en EE UU. Y las directivas del Barça y el Madrid aspiran a lograr un enorme impacto de marketing en el suculento mercado estadounidense.

Otros, sin embargo, son más cautos. “Habrá muy pocos estadounidenses en el estadio, solo gente con lazos españoles”, dice Carlos Navarro, un venezolano culé de 37 años, que acudirá con su sobrina y dos amigos. “Esto es único para hacer más grande el soccer, pero aquí lo importante es el fútbol americano”. Un ejemplo lo simboliza: el partido se juega en el estadio de los Dolfins, el equipo de fútbol americano de Miami, donde no hay ningún equipo de la primera división de la liga de soccer. 

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